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¿Funcional para quién?

El error de entrenar sin definir la adaptación.


Referencia

Pereira HV, Teixeira DS, Fisher J, Fleck SJ, Helms E, Ide BN, et al.

International consensus on the definition of functional training: Modified e-Delphi method.

J Sports Sci. 2025; published online March 18. doi:10.1080/02640414.2025.2477393


Entrenamiento funcional: cuando el concepto se queda corto y el foco cambia.


Cuando un campo necesita un consenso internacional para definir un término, conviene detenerse.No porque el esfuerzo sea irrelevante, sino porque suele indicar que el problema no es metodológico, sino conceptual.


Eso es exactamente lo que ocurre con el llamado entrenamiento funcional.

Un artículo reciente publicado en Journal of Sports Sciences intenta resolver una confusión que lleva años instalada en el entrenamiento: qué significa realmente entrenar “de forma funcional”. Sin embargo, lo más interesante del trabajo no es la definición a la que llega, sino el desplazamiento conceptual que provoca cuando se lo lee con atención.

Porque, al final, el estudio no responde tanto a qué es el entrenamiento funcional, sino a qué no es y, sobre todo, qué se le ha atribuido sin fundamento suficiente.


El problema no es el método, es la creencia

Durante años se ha asumido, de forma más o menos explícita, que el entrenamiento funcional induce adaptaciones distintas y a menudo superiores a las del entrenamiento considerado “tradicional”.Más transferibles, más naturales, más útiles para la vida diaria.

El artículo no evalúa adaptaciones fisiológicas, pero sí confronta directamente esta creencia desde la lógica científica. Al analizar cómo los expertos definen el entrenamiento funcional, queda claro que las características que se le atribuyen especificidad, individualización, orientación a objetivos no introducen ningún mecanismo de adaptación nuevo.

Son los mismos principios que han regido el entrenamiento bien prescrito desde hace décadas.


Desde esta perspectiva, el concepto empieza a mostrar su límite: no explica adaptaciones diferentes, solo reformula con otro nombre lo que ya sabemos.


De “entrenamiento funcional” a entrenamiento basado en objetivos


Si aceptamos esta premisa, entonces el debate cambia de eje.

La pregunta deja de ser si un entrenamiento es funcional o no, y pasa a ser mucho más exigente:si el entrenamiento está realmente basado en objetivos.

Este no es un cambio semántico, es un cambio de paradigma.

Porque hablar de entrenamiento personalizado, desde una perspectiva rigurosa, no significa pararse al lado del usuario durante la sesión, ni ajustar ejercicios de forma reactiva. Tampoco implica variar estímulos constantemente para dar sensación de individualización.

El entrenamiento personalizado no es un formato de interacción.Es un proceso de diseño.


Personalizar no es acompañar, es decidir

Un entrenamiento personalizado comienza antes de la sesión. Comienza cuando se definen con claridad:

  • los objetivos reales de la persona

  • el contexto en el que se va a intervenir

  • las limitaciones y capacidades relevantes

  • y, sobre todo, las adaptaciones que se esperan inducir

A partir de ahí, personalizar implica manipular deliberadamente las variables que determinan la adaptación:

  • volumen

  • intensidad

  • frecuencia

  • especificidad

  • progresión

  • relación estímulo–respuesta

Si estas decisiones no están claras, el entrenamiento puede ser supervisado, dinámico o incluso exigente, pero no necesariamente personalizado.


El error habitual: confundir funcionalidad con personalización

Uno de los problemas del discurso actual es que se ha utilizado el término “funcional” como sustituto de “bien pensado”.Y el término “personalizado” como sinónimo de presencia constante del entrenador.

El artículo obliga a separar estos planos.

La funcionalidad no es una propiedad del ejercicio.La personalización no es una cuestión logística.

Ambas dependen del grado de coherencia entre el estímulo aplicado y la adaptación buscada.

Un mismo ejercicio puede ser altamente funcional en un contexto y completamente irrelevante en otro.Un mismo programa puede ser adecuado para una persona y genérico para otra.

La diferencia no está en la etiqueta, sino en el ajuste.


El continuo de funcionalidad y la revalorización del entrenamiento personalizado

La propuesta más honesta del estudio es abandonar la dicotomía funcional / no funcional y pensar en un continuo de funcionalidad.Esto implica aceptar que todo entrenamiento puede ser funcional en mayor o menor grado, dependiendo de su proximidad a los objetivos, al contexto y a la persona.

Y aquí aparece algo importante:si la funcionalidad deja de ser una categoría especial, el valor diferencial vuelve a estar donde siempre debió estar: en el entrenamiento personalizado basado en objetivos.

No como un eslogan, sino como un marco metodológico exigente.

Personalizar no es adaptar sobre la marcha.Personalizar es saber exactamente qué se quiere provocar y qué variables van a incidir en ese resultado.


La pregunta correcta

Desde este enfoque, la pregunta relevante ya no es:¿este entrenamiento es funcional?

La pregunta correcta es:

¿qué adaptación estoy buscando y este estímulo aumenta la probabilidad de inducirla en esta persona, en este momento y en este contexto.

¿Este entrenamiento es realemnte personalizado y funcional para mi?

Si la respuesta es afirmativa, el entrenamiento cumple su función.Si no, el nombre que le pongamos es irrelevante.


Este artículo no invalida métodos ni demoniza enfoques.Hace algo más incómodo: obliga a abandonar etiquetas cómodas y a asumir criterio.

Porque cuando se entiende que las adaptaciones no dependen del nombre del entrenamiento, sino de las decisiones que lo estructuran, el foco vuelve a donde siempre debió estar:en los objetivos, en las variables y en la responsabilidad del diseño.

Eso es lo que le devuelve sentido —y valor real— al concepto de entrenamiento personalizado.

 
 
 

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